Si algo denota el antropocentrismo es la creencia de que todo lo que acontece en la vida de uno, es algo histórico en medio de toda la larga vida de la humanidad. No será la primera ni la última vez que pensemos que esta crisis nos va a cambiar como sociedad. Ocurrió también en las crisis anteriores… y solo la perspectiva del tiempo nos quitará o dará la razón.

No obstante, podemos aprovechar la oportunidad de dibujar los escenarios futuros, y por lo tanto revisar si nuestros modelos, por ejemplo, de desarrollo organizacional y de liderazgo tienen vigencia o requieren ser ajustados. No hay que olvidar que ensayar sobre la realidad futura nos interpela a valorar nuestras decisiones como sociedad y como organización.

 

 

Algunas pinceladas globales…

Para muchos, el nuevo escenario puede suponer el largo invierno del capitalismo. Una prueba más de su agotamiento. No obstante, si algo caracteriza a un modelo social, político y económico es su perseverancia a seguir siendo como es. Los verdaderos y profundos cambios se producen como las mutaciones en una especie: muy de vez en cuando. En parte, esto es debido a la enorme plasticidad que nos permite adaptarnos, y a la vez esa resiliencia que nos devuelve al estado original. Diremos que algo hemos aprendido, en la medida que parezcamos los mismos pero que realmente no lo seamos del todo.

La carencia y la necesidad generan dos actitudes antagónicas. Por un lado, activa el miedo protector del sálvese quien pueda, y a la vez la orientación hacia el bien común que explota al máximo la solidaridad y generosidad. Habrá que ver si el lema “la unión hace la fuerza” impera en las nuevas formas de gobernanza e interacción social.

Parece que la hibridación de relacionarnos con el contacto personal y telemáticamente se ha instalado. ¿Perderemos la humanidad para lograr la inmunidad colectiva? ¿Realmente nos subiremos al tren del teletrabajo y renunciaremos al contacto? Habrá que tomar una decisión estratégica: el modelo productivo en grupo será con medios a distancia o se abogará por la presencia.

Y hablando de productividad, ¿qué será exigible ahora? Parece que nos enfrentamos a la polaridad entre maximizar los beneficios y la utilidad social de nuestro trabajo. No en vano, muchas empresas han optado por mostrarse socialmente responsables por encima de la rentabilidad inmediata. ¿Esta tendencia ha venido para quedarse?

Cuando observemos a un integrante de nuestra organización, ¿Qué esperaremos de esa persona? Con ganas de desconfinar nuestros cuerpos, quizá el verdadero reto es desconfinar las mentes. Almas libres, flexibles, responsables, solidarias, afectivas, conscientes… ¿Qué más falta en la lista?

Para terminar este apartado, una pregunta que dará de comer a nuestra curiosidad por mucho tiempo: ¿Los humanos estaremos llegando al límite biológico de nuestra capacidad política?

 

 

El liderazgo hoy en día…

Estamos abocados a lidiar con dos acontecimientos:

  • Reducción de costes. Lo que conllevará cambios organizativos, pérdida de talento, sobre carga de trabajo, etc.
  • Nuevo modelo de trabajo: incorporación del teletrabajo y nuevas formas de relación y comunicación.

Desde un marco teórico ideal, el liderazgo del siglo XXI debe desarrollar tres dimensiones de manera integral:

  • La identidad del proyecto, inspirado en una misión, visión y valores compartidos.
  • La productividad individual y colectiva que haga sostenible al proyecto.
  • El clima relacional que contribuya al bienestar.

Este modelo global conlleva la definición de un perfil de líder en su dimensión de lo debe ser y lo que debe hacer.

Definir el ser en términos de valores nos obliga a un doble ejercicio. Por un lado, el simple enunciado de un valor no aporta mucha información en sí misma sino la sometemos a indicadores basados en el comportamiento observable: qué deberíamos observar en esa persona respecto al valor o actitud en cuestión.

Por otro lado, los valores deben jerarquizarse. Debe priorizarse cuáles son los más nucleares en un momento y escenario determinado. Así evitaremos largas listas como la carta a los reyes magos.

Estas dimensiones del ser se despliegan en el hacer a la hora de hacer equipo y trabajar con otras áreas, impulsando, apoyando y reconociendo. El reto es preguntarse lo que el líder debe hacer en este contexto con un horizonte en el corto y medio plazo.

Hay que detenerse a visualizar situaciones concretas a las que la entidad y las personas se enfrentan. Esos desafíos y retos responden a necesidades. Y una vez tengamos claro todo esto podremos preguntarnos: ¿Qué debe hacer un líder en este contexto?

A continuación, algunas ideas fuerza a tener en cuenta.

  • Dirección por valores.
  • Hay un resurgir de la importancia de los valores. Se está revitalizando el humanismo, en forma de empatía, honestidad, generosidad, etc. Los valores han de expresarse en comportamientos observables que sirvan de guía.
  • Identificación con el proyecto.
    El liderazgo será más exigido. Es clave el poder de convicción y credibilidad. Un liderazgo que vertebre la identificación con el proyecto y sentirlo como propio. Un líder deberá basar su dirección en base a valores y la gestión del talento. Buena gente, buena.
  • Orientación a la tarea y al bienestar.
  • Se destaca la necesidad de mejorar el trabajo en equipo, así como retener y gestionar el talento. El entorno nos obliga a ser especialmente objetivos y orientarnos a resultados. Hay que revisar los nuevos indicadores de productividad.El liderazgo compartido debería llevarnos a nuevas cotas de efectividad y bienestar colectivo. En definitiva, trabajar con cercanía y a la vez ser minucioso. Los equipos deberán ser efectivos y afectivos.
  • Flexibilidad ante el cambio.
  • En un entorno especialmente VUCA, hay que desarrollar la capacidad de adaptarse al cambio. Esto conlleva desarrollar la capacidad de innovación y creatividad, en las personas y en la organización en su conjunto.
  • Conversaciones de calidad y calidez.
    Se imponen nuevas formas de organización y comunicación. El teletrabajo ha venido para quedarse. Hay que aprender a comunicarse con otros códigos y canales. Es necesario dominar las competencias conversacionales en diferentes formatos, así como la inteligencia emocional para alcanzar la maestría emocional.

A donde vamos…

Cuando observamos a un integrante de nuestra organización, asumiendo que lidera una parcela importante del proyecto, ¿Qué se espera de esa persona? ¿Qué valores y actitudes deseamos que posea? ¿Qué comportamientos esperamos observar? … y desde el rol que tenemos en la organización, ¿Qué vamos a hacer para que así sea?

 

Equipo VIRADA: Ander, Itzi, Celso, Begoña y David.

Volver

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *