Minerva COIRA es educadora/monitora en la Asociación Nuestra Sra. De Chamorro, una entidad en favor de las Personas con Discapacidad Intelectual. En 2025 participó en VIRADA EMOCIONES, un programa formativo de Algalia que está a punto de comenzar su segunda edición 2026.
1. Antes de entrar en VIRADA EMOCIONES, ¿qué expectativas tenías tanto a nivel personal como profesional? ¿Había alguna necesidad concreta —emocional, formativa o dentro de tu labor en la Asociación Chamorro— que te impulsara a dar este paso? ¿Cómo llegaste a conocer el programa VIRADA EMOCIONES y qué te motivó personalmente a participar en él?
La verdad es que, antes de empezar VIRADA, sentía la necesidad de parar un poco.
A nivel profesional, buscaba herramientas que me ayudasen a gestionar mejor todo lo emocional, porque en el día a día trabajamos con situaciones intensas y no siempre es fácil sostenerlas sin que te pasen factura. Quería mejorar como profesional, sí, pero también encontrar una manera de acompañar que fuese más tranquila y más sostenible para mí.
A nivel personal también contaba con esa sensación de cansancio, de exigirme mucho y de no parar nunca a recolocarme. Necesitaba aprender a cuidarme un poco más dentro del propio trabajo.
Conocimos el programa a través de la entidad, y desde la dirección se tuvo muy claro que era importante que participáramos personas de atención directa. Para mí fue importante, porque sentí que no era solo algo individual, sino una apuesta real por cuidar cómo acompañamos.
Y a partir de ahí, sentí que este programa podía darme justo ese espacio que me faltaba: parar, mirarme y entender desde dónde estoy haciendo mi trabajo. Eso fue lo que me animó a participar.
2. Durante el proceso, ¿te ayudó el programa a identificar aspectos de ti misma que antes no tenías tan presentes? ¿Cuáles?
Sí, muchísimo. Sobre todo me ayudó a darme cuenta de lo importante que es poner límites. Me vi reflejada en muchas situaciones en las que asumía más de lo que me correspondía o me preocupaba por cosas que realmente no dependían de mí.
Muchas veces haces eso desde el compromiso, pero llega un punto en el que te sobrecarga sin darte cuenta. Ponerle nombre a esto fue clave.
Me ayudó a bajar la autoexigencia y a empezar a tratarme con un poco más de cuidado. No fue especialmente cómodo verlo, pero sí muy necesario.
3. ¿Has incorporado herramientas o metodologías del programa en tu práctica profesional? ¿Y a nivel personal? ¿Cómo se ha beneficiado tu entidad de ello?
Sí, poco a poco he ido incorporando cosas que ahora forman parte de mi manera de trabajar. La escucha activa, por ejemplo, ha sido un cambio importante. Ahora intento parar más, escuchar sin tanta prisa, sin querer resolver rápido, y validar lo que la otra persona está sintiendo.
También utilizo la respiración consciente y pequeñas estrategias para regular situaciones cuando hay tensión: bajar estímulos, esperar, no reaccionar de primeras… Son cosas sencillas, pero que marcan mucho la diferencia.
Esto se nota especialmente en momentos de frustración, conflicto o agitación. Antes podía vivirlo con más nervios o sensación de desborde, y ahora siento que puedo estar desde un lugar más tranquilo.
A nivel personal, también me ha ayudado a escucharme más y a no exigirme tanto constantemente.
Y al final, todo esto se va notando en el entorno: hay más calma, más comprensión y una manera de relacionarnos más cuidada.
4. ¿Crees que ha cambiado tu manera de acompañar a otras personas o colectivos? ¿En qué sentido?
Sí, claramente. Ahora acompaño desde un sitio diferente. Antes tenía más la necesidad de hacer, de resolver, de intervenir rápido… y ahora estoy mucho más en el estar, en acompañar desde la presencia. Le doy más importancia a validar la emoción, a entender qué hay detrás y a respetar los tiempos de cada persona. También soy más consciente de lo que me pasa a mí en esas situaciones, y eso me ayuda a no reaccionar de forma automática.
Creo que ahora el acompañamiento es más tranquilo, más humano y real. Y eso hace que los vínculos también sean más fuertes y que se generen espacios más seguros.
5. ¿Cómo definirías ahora la importancia del trabajo emocional dentro del ámbito social?
Para mí ahora es clarísimo: es la base. Si no cuidamos la parte emocional, el trabajo acaba siendo muy automático y desgasta muchísimo. Pierdes conexión, tanto con las personas como contigo misma. En cambio, cuando hay ese cuidado, todo cambia. El acompañamiento se vuelve más cercano, más humano, más auténtico. No es un añadido, es lo que sostiene todo lo demás.
6. Si tuvieras que describir en una palabra o metáfora lo que supuso VIRADA EMOCIONES para ti, ¿cuál sería?
“Respiro”. Porque fue justo eso: un espacio para parar, bajar el ritmo y recolocarme un poco por dentro.
7. ¿Hubo algún aspecto que te resultara especialmente desafiante o incómodo? ¿Cómo lo gestionaste?
Sí, abrirme y hablar de lo que siento delante de gente que no conocía al principio fue bastante retador. También el tema de los límites me removió bastante. Ver tan claro hasta dónde puedes llegar y hasta dónde no… no siempre es cómodo. Pero lo fui llevando poco a poco, sin forzarme, dándome tiempo y confiando en el proceso.
8. Si pudieras mejorar algo del programa, ¿qué sería?
Añadiría alguna sesión de seguimiento después de terminar. Algo que permita volver a conectar con lo trabajado, porque en el día a día es fácil que todo esto se diluya si no lo sigues trabajando.
9. ¿Recomendarías esta experiencia a otras personas del ámbito social o asociativo? ¿Por qué?
Sí, totalmente. Creo que es una experiencia muy necesaria. No solo te da herramientas, sino que te da un espacio para parar y mirarte, que muchas veces no tenemos. Y en nuestro trabajo eso es clave, porque al final acompañamos mejor cuando estamos mejor.